Queridos padrinos y madrinas:

            Me pide Alfonso que escriba unas líneas para hablaros de nuestra pequeña aventura de dos semanas en Nepal. ¡Ya ves tú, unas líneas! Como si en ese espacio se pudiera resumir todo lo que he visto, he oído; he paladeado y he vivido. Este viaje ha sido, de muchas formas, revelador. Ni las fotos ni los relatos pueden expresar la avalancha de sensaciones y emociones que he experimentado. Definitivamente, Nepal, sus paisajes y (sobre todo) su gente me han llegado al corazón. Puede sonar un poco cursi, pero no encuentro manera mejor de decirlo.

            De mis experiencias más personales; de nuestras andanzas por esos parajes exuberantes y conmovedores, hablaré en un diario que pienso publicar en internet, dentro de un tiempo. Si os interesa, ya os pasaré el link, para que compartáis un pequeño esbozo de estos veinte días tan intensos. Pero en esta carta quiero centrarme, sobre todo, en mis vivencias como sponsor-colaborador de nuestra pequeña O.N.G. Conocer la acción que, gracias al entusiasta y denodado trabajo de Alfonso; y a vuestras (nuestras) aportaciones económicas, se está desarrollando por aquellas tierras ha sido sin duda LO MEJOR de este viaje. Lo escribo así, con mayúsculas y en negrita. Hay que verlo en directo para entender su dimensión.

            A lo largo del viaje he tenido la oportunidad de conocer a muchos de nuestros apadrinados; he visitados sus colegios, he hablado con sus familias; he pasado largos ratos en sus localidades, y he estado en sus casas, recibiendo el enorme cariño de esa gente tan generosa en su pobreza, tan inocente, humilde y elegante. De verdad... Yo, que me dedico a escribir, siento auténtica impotencia para transmitiros la envergadura de nuestra acción. Con nuestras pequeñas aportaciones estamos cambiando la vida de mucha gente. Es así de directo, así de sencillo y de poderoso. Los resultados, además, hablan por sí solos: hijos de campesinos analfabetos que cursan estudios superiores en los colegios de Kathmandú; niñas que tienen la posibilidad de labrarse un futuro asistiendo a clases en Syabru, en Gatlang, en Dhunche o en el mismo Goljung; la clínica de Nima, nuestro "heroico" (como muy bien lo definió Alfonso) enfermero volante. Ha sido un privilegio poder comprobar, "in situ", cómo la acción de todos estos años está dando importantes frutos, que, además, revierten en toda la comunidad. Os invito a que le echéis un vistazo a las fotos que hemos tomado estos días: son sólo una sombra de lo que allí está ocurriendo, en parte gracias a todos nosotros.

            Podría pasarme horas escribiendo acerca de nuestra acción en Nepal; pero creo más importante transmitiros la ENORME EMOCIÓN de verlo EN PRIMERA PERSONA. Por eso quiero animaros vivamente a dar el paso y viajar hasta aquellas tierras tan sorprendentes: nuestras familias nepalíes os recibirán con los brazos abiertos, y su calurosa hospitalidad hará que os sintáis, de alguna forma, como en casa. Es un viaje de verdad apasionante, merece muchísimo la pena. Yo, después de haberlo vivido, me siento aún más implicado en nuestra O.N.G., y espero profundizar en mi colaboración. Ya estoy soñando con regresar el año que viene, creo que eso es suficientemente expresivo.

            No quiero terminar esta carta sin darle las gracias efusiva y calurosamente a Alfonso, que me ha hecho sentir como un auténtico rey en aquellas tierras. Nuestros ratos de risa, nuestras charlas y nuestros viajes quedarán ya para siempre en mi corazón. Gracias también a Milan, a Kayla y a Karma por recibirme como a uno más de la familia. Gracias a Nima, a Saila, a Ram... y a todas las familias del valle. Conocerlos ha sido verdaderamente inspirador, en muchos sentidos.

Por último, me gustaría transcribir las últimas líneas de mi diario de viaje: creo que resumen bastante bien las intensas emociones que he vivido durante este viaje.

"... me quedo con los remotos valles de Rasuwa; las abismales laderas labradas de bancales; los abruptos cauces del Bote Kosi, el Gatlan y el Chilime Kola; los amaneceres milenarios, deslumbrantes, con los primeros rayos de sol abriéndose paso, a duras penas, por encima de la cumbre blanca del Langtang Lirung; los bosques de rododendros; los gritos de los niños, acudiendo en bandada para decirme "Namaste" y pedirme una foto; las miradas agradecidas de esta gente orgullosamente humilde, que desea para sus hijos un futuro mejor; la delicadeza con que Chersing me puso el traje tradicional de los Tamang; las noches en el Community Center; las risas con Alfonso; el abejorro, el hombre pájaro, el chico de los palitos, Torrebruno, Galindo y la increíble niña menguante; Nima y su heroica ambición por mejorar su vida y la de sus vecinos; la poderosa mirada de Milan; la ternura de Karma, y la risa de Kayla, tan limpias y contagiosas; la boda budista en Parvati Kunda; el dolor agudo de mis rodillas; Ram Ghale y su historia de ida y vuelta al monasterio budista; el omnipresente y delicioso Dal  Bat; la indescriptible ruta en autobús local de Kathmandú hasta el collado, un viaje que, por sí solo, merecería un documental entero; la risueña alegría de Nabin, el profesor interino que sueña con viajar a Canadá; la emocionada frustración de Jana, voluntaria que vino de Australia para ayudar y se ha topado con la indolente realidad de la administración nepalí; el optimismo de su novio Darren, tan sincero y vitalista; las tardes en la cocina de Chauatara, y los desayunos a base de roti recién amasado; la inocente fragilidad de este pueblo, sumido en un letargo de siglos, paupérrimo y sublime, dulce y desolado, luminoso y acogedor. Así es el Nepal que me conmovió desde el primer día, y con el que, de alguna forma, tengo ya un vínculo que trasciende la emoción pasajera del turista ocasional".

Namaste a todos.

Javi.
 

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